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Contar un cuento

Una de las cosas que más me gusta de los niños es su mirada mientras les cuentas un cuento. Cómo brillan sus ojos y sonríen cuando le das un giro a la historia y les cuentas algo que no se esperan.

Yo a mi hija (el niño es pequeño aún) le cuento historias que me invento, normalmente sobre la marcha, aunque ella suele decirme de vez en cuando: «papá, cuéntame el cuento de Bob Esponja» o «…el cuento de Minnie». En ese momento tengo que acordarme de qué iba la historia, o le pregunto a ella y me recuerda partes. La mayoría de las veces completo el resto con cosas nuevas.

Pero el momento que más me gusta, y veo que a ella también, es cuando la meto a ella como un personaje de la historia. Disfruta un montón, lo vive como si fuese de verdad.

Así que sugerencia para padres primerizos: Cuando le contéis un cuento a vuestros hijos, improvisad y metedlos a ellos en la historia, veréis qué bien os lo pasáis… ;)

La vista y el equilibrio

Desde la semana pasada estoy yendo al gimnasio… Sí, increíble pero cierto, soy uno de esos tíos que, según CocaCola, se merece un aplauso… :D

Como estoy más quemao que la moto de un hippie, lo primero que quería hacer era perder un poco de peso y coger fondo, así que me puse en una cinta de esas de andar/correr.

Las primeras veces te encuentras un poco raro andando sin moverte del sitio, pero fijas la vista en el espejo del frente y te miras el careto durante todo el tiempo que estás ahí. Así se nota menos… Lo curioso viene luego, cuando después de media hora ahí encima te bajas y sientes un mareo… raro.

El mareo al que me refiero es a que das un pasito y parece que vas a toda velocidad… jeje!. Me hizo gracia la primera vez y me acordé de que había visto en un documental que el sentido del equilibrio no sólo usa el oído, sino que el cerebro también utiliza la vista para ayudarle a situarse. La mejor manera de comprobar esto es ponerse a la pata coja, poner los brazos en cruz y aguantar el equilibrio. Con los ojos abiertos es fácil, pero prueba a hacerlo con los ojos cerrados, verás como al cabo de unos segundos empiezas a tambalearte.

La edad influye. A partir de los 25 años el sentido del equilibrio empieza a declinar. Si estás entre los 25 y los 40 te puede costar —aunque eso depende de cada persona en concreto— y si tienes más de 40 lo más probable es que no puedas siquiera mantenerte en pie (con los dos pies en el suelo) con los ojos cerrados durante mucho tiempo.

Lo que me pasa con la cinta andadora debe ser algo parecido… Supongo que al estar andando/corriendo el cerebro supone que te estás moviendo, pero no es así, de forma que cuando te bajas de la cinta el cerebro —que ya se ha adaptado a que andes sin moverte— sigue creyendo que no te mueves y por eso tienes la sensación de andar muy rápido. Pero vamos, esta sensación se pasa en un par de minutos, en cuanto el cerebro se adapta otra vez a la nueva situación.